MÉTODO DEL CASO, procesos de enseñanza y aprendizaje

El Método del Caso (MdC), denominado también análisis o estudio de casos, como técnica de aprendizaje tuvo su origen en la Universidad de Harvard a principios del siglo XX. Con el paso de los años el MdC se ha extendido de manera importante y se ha convertido en una estrategia muy eficaz.

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El objetivo de este método es que los alumnos se enfrenten a situaciones reales y que tengan que analizar un problema, valorar actuaciones, emitir juicios fundamentados y tomar decisiones, como lo tendrían que hacer en la vida real.

Asopa y Beve (2001) defiende el MdC como un método de aprendizaje basado en la participación activa, cooperativa y en el diálogo democrático de los estudiantes sobre una situación real.

En esta definición se destacan tres dimensiones fundamentales dentro del MdC:

  1. la importancia de que los alumnos asuman un papel activo en el estudio del caso.
  2. que estén dispuestos a cooperar con sus compañeros
  3. que el diálogo sea la base imprescindible para llegar a consensos y toma de decisiones conjuntas.

A lo largo de ese proceso de aprendizaje los alumnos desarrollan competencias y capacidades como la gestión de información, trabajar conocimientos generales para el aprendizaje vinculados a la materia y vinculados al mundo profesional, anticipar y evaluar el impacto de las decisiones adoptada, el desarrollo de habilidades intelectuales, habilidades de comunicación e interpersonales, autonomía, flexibilidad, responsabilidad, iniciativa,  trabajo autónomo y trabajo en grupo, amén del resto de las consabidas competencias marcadas por la LOE-LOMCE.

De Miguel destaca que el MdC engarza dialécticamente la teoría y la práctica en un proceso reflexivo que se convierte, a su vez, en aprendizaje significativo, al tener que mostrar y analizar las decisiones que se han tomado o podrían tomas y los valores, técnicas y recursos implicados en cada una de las posibles alternativas.

El MdC tiene las siguientes características:

  1. Favorece que los alumnos, por un lado, trabajes individualmente y que, posteriormente, contrasten sus reflexiones con sus compañeros, desarrollando un compromiso y un aprendizaje significativo.
  2. Se basa en hechos reales, en casos que los estudiantes se podrán encontrar fácilmente en sus prácticas profesionales y que otros profesionales han tenido, lo que aumente la motivación hacia el tema de estudio, mejorando también su autoestima y la seguridad en uno mismo (UPV, 2006)
  3. Se centra en el razonamiento de los estudiantes y en su capacidad de estructurar el problema y el trabajo para lograr una solución (Boehrer, y Linsky, 1990). No hay una única respuesta correcta.
  4. Analizar cada problema detectando los principales cambios necesarios y generando alternativas de cada acción que podrían llevarse a la práctica para mejorar la situación.
  5. Estudiar los pros y los contras de cada alternativa de acción para poder elegir aquélla que sea más viable y que presente menos efectos negativos.
  6. Implementar la decisión tomada indicando las estrategias y recursos para llevarla a cabo.
  7. Orientar el cómo se llevará a cabo la evaluación de la decisión tomada y sus consecuencias.
  8. Reflexionar sobre los temas teóricos que plantea el caso presentado.

 

Utilizar esta técnica requiere una mayor inversión de esfuerzo y dedicación, por parte del docente y del alumnado, que otros métodos de enseñanza y aprendizaje más tradicionales. No obstante, los resultados de aprendizaje son más significativos con el uso de los nuevos modelos metodológicos, ya que permiten al alumno ser el verdadero protagonista de su aprendizaje.

Antes de elaborar un caso, el docente debe definir los objetivos esperados, seleccionar el tipo de caso que mejor se ajuste a la temática que se desea abordar, recopilar la información (en artículos de prensa, Internet, describir a los personajes implicados) sobre el hecho real que los estudiantes van a analizar y que sea coherente con los objetivos pretendidos. Una vez se han definido estos aspectos clave, podemos empezar a redactar el caso.

Es necesario que se presenten los hechos claves y centrales, los personajes implicados y el contexto en el que transcurre la acción. Se pueden presentar informaciones secundarias para promover que el alumno sea capaz de distinguirlas a la hora de analizar o resolver el caso.

Los comentarios y las opiniones personales deben evitarse para no confundir al estudiante. Los términos científicos o los tratados en la materia se pueden mantener para familiarizar al aprendiz con dicha terminología.

Se recomienda que la redacción sea fluida y clara, con estilo narrativo. El material que se entrega al alumno puede ser más o menos extenso según los objetivos perseguidos y la modalidad del caso escogida. Y se puede presentar de diversas formas: en texto, en vídeo, con gráficas, etc. Es conveniente intentar que el material sea motivador y que genere interés en los estudiantes para asegurar la participación activa de todos ellos.

Podemos orientar con preguntas el análisis que deberán realizar. Por ejemplo, ¿qué está pasando? ¿Por qué? ¿Cuál es el problema de fondo? ¿Cómo ha surgido? ¿Qué intereses están en juego? ¿En que modelos teóricos puedes apoyar estas ideas? ¿Qué acciones emprenderías? El tiempo estimado para la resolución del caso también es necesario especificarlo. Si serán una, dos o más sesiones y cómo se dividirá el tiempo durante el proceso de aprendizaje. Para esto se puede elaborar un cronograma o una secuencia de desarrollo.

El “método del caso” es aplicable en todas las etapas educativas, estando especialmente indicado en las etapas como la del Bachillerato, Formación Profesional de grado superior y la universidad. Para ampliar información puede consultar el artículo sobre el “método del caso” publicado por el Servicio de Innovación Educativa (UPM) 2008