Cómo las listas de gratitud pueden mejorar tu vida (Azucena Aja)

Conseguir un trabajo estable, encontrar pareja, tener un hijo, comprar una casa, ganar un premio… Muchas personas creen que lograr una de esas cosas (o todas) es la llave definitiva para la felicidad. Y, así, enfocan la vida como una carrera de obstáculos en la que, en la línea de meta, encontrarán tan ansiada dicha. Después de tanto esfuerzo, claro, esa felicidad será maravillosa y ¡eterna! Una vez la alcancen, la tendrán para siempre. ¡Serán felices toda la vida!

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Vale, pues… no.

A ver, quizá algunos lo consigan, pero esos serán la excepción. El resto de los mortales tenemos que aprender, asumir y aceptar que no existe la felicidad constante y duradera. La felicidad, más bien, son pequeños momentos, instantes, detalles, palabras, gestos. No duran eternamente, vienen y van. Desaparecen unos y aparecen otros.

Aunque suene algo enrevesado, es precisamente en esa «búsqueda de la felicidad», en ese proceso, donde podemos encontrarla. Todo lo que hacemos para «creer conseguirla», el camino que seguimos en nuestro día a día, es exactamente lo que nos aporta felicidad.

¿No te ha pasado que preparas con ilusión un viaje, una fiesta, una cita señalada, disfrutas del proceso, de todos esos días previos, y después, cuando llega, la felicidad dura menos? En cambio, esa alegría, esa dicha, fue mayor durante la «preparación» u organización de aquello. ¿Por qué? Porque ibas disfrutando de cada pasito que dabas.

Más o menos, seguimos un mismo esquema y, así, saltamos de una cosa a otra: conseguimos algo y, como el pico de alegría acaba desapareciendo, saltamos a otro objetivo, y cuando lo conseguimos, saltamos a otro, y después a otro, sin apreciar el camino que llevamos, porque, claro, tenemos bien metidito en la cabeza que, cuando alcancemos ese «premio gordo» (que a veces ni siquiera sabemos cuál es), ¡bingo!, vendrá acompañado de esa felicidad eterna que mencionaba al principio.

La sociedad nos ha enseñado que debemos ser felices como meta de vida, y cuando no lo conseguimos (porque, repito, la felicidad no es duradera), nos frustramos, nos llenamos de ansiedad y, no, no somos felices; es más, nos alejamos de esos pequeños momentos de dicha. Así que no te obsesiones con esa búsqueda de la felicidad cual búsqueda del tesoro.

Vive en el presente

En la Tierra vivimos más de 7 500 millones de personas, así que está claro que la felicidad significa algo diferente para cada uno. Pero, a grandes rasgos, y echándole imaginación, podemos asumir que ser feliz pasa por estar a gusto con uno mismo, tener unos valores bien amueblados y actuar según estos, sentirnos queridos, apreciar lo que tenemos y (por tópico que suene) vivir en el presente.

Ahora que ya sabemos que la felicidad no dura eternamente, sino más bien segundos, minutos, horas, semanas, es necesario que aprendamos a apreciar cada momento hoy. Que no nos quedemos atascados en el ayer, el mes pasado o hace tres años, o hagamos elucubraciones y suframos por lo que pueda pasar mañana, el mes que viene o dentro de tres años. Recuerda que, quienes viven en el pasado, o en el futuro, tienden a sufrir ansiedad y dejan de disfrutar el momento y su propia vida. Vamos, que nos alejamos de esos instantes de felicidad.

Por eso, una buena manera de anclarnos en el ahora, ¡en el hoy!, es mediante las listas de gratitud. Las listas de grati-¿qué? Oí hablar de ellas por primera vez hace varios años en el libro Mañanas milagrosas, de Hal Elrod. En él, su autor menciona una serie de hábitos a implantar por la mañana, antes de comenzar nuestro día, como meditar, hacer ejercicio, organizar la jornada y, en definitiva, dedicar un rato a nosotros mismos. Entre estos hábitos, está la escritura, bien de un diario, bien una historia o, sí, efectivamente, una lista de gratitud.

La idea es sencilla: cada mañana (o cada noche, como tú prefieras) anota tres cosas por las que estés agradecido del día anterior (o de ese mismo día, si las redactas por la noche). Desde el café que tomaste, el mensaje que recibiste de una amiga, la amabilidad del panadero, hasta el pequeño paseo con tu perro, el ratito leyendo al sol o esa escena que te estrujó el corazón de tu serie favorita. Rebusca en lo que has vivido ese día y anota lo que más te ha gustado. Si te ha hecho feliz o, al menos, te ha puesto de buen humor durante unos segundos, ¡escríbelo!

¿Y qué conseguimos con ello? Apreciar esas pequeñas cosas que nos alegran, que mejoran nuestra vida, que le dan valor. Que nos hacen felices. A mí, elaborar cada día esta lista me ayuda a capturar estos detalles, a plantar los pies en el suelo y quedarme en el presente.

Reconozco que, cuando comencé a escribir mi lista, tardaba bastante en encontrar tres cosas que anotar, no recordaba ninguna, a no ser que el día anterior me hubiese ocurrido algo muy significativo. Me forcé a, cada día, estar atenta para tener qué apuntar en la lista y, al principio, era más bien un reto: llevar a cabo el ejercicio. Gracias a ello, y con el paso del tiempo, me acostumbré a estar atenta a estos detalles, no para, como te decía, tener algo que anotar, sino por el simple hecho de apreciarlos y disfrutarlos. Ahora, me doy cuenta de ellos con facilidad y los valoro mientras los estoy viviendo.

Ya lo dijo el escritor Ernest Hemingway: «Trata de aprender a respirar profundamente, a saborear la comida cuando comes y, cuando duermas, a dormir como un tronco. Intenta estar vivo de verdad con todas tus fuerzas, y cuando rías, ríe hasta partirte de risa. Y cuando te enfades, enfádate bien. Trata de estar vivo. Porque ya estarás muerto suficientemente».

Por eso, intenta capturar esos momentos de felicidad. Tratemos de estar vivos.

Texto de: Azucena Aja